LA ELECCION DE UN PUEBLO

 

 

 

 

 Introducción.

 

Hay quienes creen que Dios creó a Adán y Eva con libre albedrio, pero que después de que cayeron en pecado dejaron de tener libre albedrio.  La verdad es que ellos creen que la salvación es por predestinación, o sea que si Dios lo puso en la lista de los predestinados va a ser salvo, pero si Dios no lo tiene en la lista de los predestinados; no importa lo que haga no se va a salvar.  Con esa clase de doctrina lo único que están logrando es darles argumentos a los necios al decir que Dios no es justo, o tal vez tendríamos que pensar que muchos de los que enseñan eso, ni ellos mismos son salvos.  La Biblia enseña claramente que no hay manera de hacer a Dios responsable por los que se pierden, más en cambio podemos mirar que la voluntad de Dios es para salvación de la humanidad.  Y para refutar esa idea torcida de que ya no tenemos libre albedrio vamos a mirar algunas escrituras, como también veremos que cuando alguien no alcanza salvación no es porque Dios así lo haya querido, pero Dios es justo; de otro modo como juzgaría al mundo.

 

Gen. 3: 6-7.  Dios ya se los había advertido, que si comían de ese fruto iban a morir.

 

No es que Dios no pudo haberlo evitado, sino que lo que Dios quiere es que si alguien va a amar a Dios, a seguirle y servirle; lo hará de su voluntad porque a la fuerza no es posible.

 

En varias partes de La Biblia nos muestra que la voluntad de Dios no se cumple en algunas personas, por oposición de ellos mismos.

 

No es que Dios no pueda obligarles, sino porque eso iría en contra de los mismos principios de la manera en que Dios creó al hombre.

 

Mat. 19: 3-8.  En estos versos miramos que la voluntad de Dios no es que los hombres repudien a sus mujeres, pero Moisés les tuvo que dar carta de divorcio por la dureza del corazón de ellos mismos, y no por voluntad de Dios.

 

Deu. 17: 14-17.  Hablando a los reyes de Israel, Dios les dijo que no amontonara caballos.

 

Ni tomaran para sí muchas mujeres.

 

Que no amontonara ni plata ni oro.

 

1Rey. 4: 26.  Pero Salomón amontono 40000 caballos

 

1Rey.  11: 3-4.  Dios les había dicho que no tuvieran muchas mujeres, pero él tuvo 700 esposas y 300 concubinas.

 

1Rey. 10: 21;  2Cro. 9: 13-14.  Y amontono oro, tenía tanto oro que la plata ya ni la querían.

 

Un talento son como 34 kilogramos.  666 x 34 = 22644 kilogramos cada año.  Eso sin contar todo el oro que traían todos los que menciona el verso 14.

 

1Sam. 8: 1-7.  La voluntad de Dios era que Él quería ser Rey sobre su pueblo Israel, y cuando Israel pidió un Rey Dios le dijo al profeta Samuel, si ellos lo quieren dáselos.

 

Ose. 13: 10-11.  Te di Rey en mi furor, y te lo quite en mi ira.

 

Para negar el libre albedrio, tendríamos que decir que el diablo actúa y arrastra al hombre a hacer lo que no debe Hacer. 

 

Stg. 1: 13.  En este verso dice claramente que Dios no tienta a nadie, pero en el verso 14 dice, sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

 

Stg. 4: 1-7.  Tal parece que la cosa no comienza con el diablo, sino en nuestras propias pasiones, y a partir de ahí, entonces es cuando el diablo aprovecha. 

 

Efe. 4: 26-27.  De nuevo en este verso al parecer es uno el que comienza haciendo lo incorrecto, y a partir de ahí el diablo aprovecha estropeándoles la vida.

 

Una y otra, y otra vez, podemos mirar que el hombre ha vivido con libre albedrio, para que ahora haya maestros sabelotodo diciendo que solo Adán y Eva tuvieron libre albedrio.

 

Ahora, ¿Si siempre ha sido así, porque pensar que Dios llevara al cielo a quienes probablemente ni siquiera quieran ir halla?

 

Alguien ha dicho que en el infierno no habrá nadie que quería ir al cielo.

 

Y yo te puedo decir, que todos los que se irán al cielo es porque no quisieron ir al infierno.

 

En una ocasión alguien me dijo: ¡Si yo me quiero ir al infierno a ti que te importa!  Y hay quienes serían capaces de decirle eso a Dios mismo en su propia cara, de hecho si les estás hablando de Cristo y ellos te salen con eso, es más bien a Dios a quien se lo dicen.

 

A la persona que me dijo eso, yo le conteste: Tienes toda la razón vete al infierno.

 

Hay quienes dicen tener tanta compasión por las almas, que son capaces de culpar a Dios por causa de los que se condenan.

 

En Romanos 11: 13 hasta 22, lo que el apóstol Pablo escribió, y especialmente en los versos 21 y 22 te explicaré estos versos, para que luego no haya quienes los apliquen enseñando que la salvación se puede perder. Está bastante claro que ahí no está hablando individualmente sino que habla del pueblo judío como nación, y se refiere a ellos como las ramas naturales que fueron desgajados por su incredulidad.  Pero en cambio se refiere al pueblo gentil o mejor dicho a todas las naciones, como ramas de olivo silvestre, que los que aceptan el evangelio fueron injertados en lugar de las ramas naturales que son los judíos, y ya en los versos 25 y 26 de Rom. 11 Pablo aclara el misterio que había para que tuviera que suceder de esa manera.

 

El verso 22 es un verso que el ecumenismo ha torcido, lo mismo que muchos que han sido engañados por el ecumenismo.

 

Rom. 11: 22, dice así: Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, (los judíos) pero la bondad para contigo, (los gentiles) si permaneces en esa bondad. Es decir la amonestación a los gentiles es que tienen que permanecer bajo la bondad de Dios: pues de otra manera tú también serás cortado, es decir ellos también serían cortados.

 

Los carismáticos y ecuménicos y otros que han sido engañados por ellos dicen que Rom. 11: 22, está hablando de la bondad que el creyente en Cristo debe de tener para los perdidos, y si no también será cortado.  Pero este verso está hablando de la bondad de Dios para nosotros los creyentes, no de la bondad de nosotros o la tuya para los perdidos, especialmente si tú también eres un perdido igual que ellos.

 

Ellos hablan de una bondad de no decir nada que sea muy fuerte, de no ofenderlos, que no hablemos de que el juicio de Dios vendrá y los condenara o mejor dicho ellos no creen en el juicio de Dios.  El hecho de que Dios tendrá que juzgar a la humanidad eso no significa que Dios ya no tenga bondad o que Dios ya no es amor.    

 

La Biblia habla de un deber que tenemos nosotros los creyentes, y ese deber es amar al prójimo.  Amar al prójimo no es torcer La Biblia para mentirles, o no advertirles que Dios traerá juicio a este mundo, y condenara a los que no quisieron creer en Cristo como Señor y salvador; en eso consiste el amor de Dios.  Juan 3: 16.

 

Tenemos que hablarles del amor de Dios, no de nuestro amor o de tu amor, aunque la verdad es que aparte de poder ayudar a alguien con las necesidades físicas, la mejor manera de demostrar el amor al prójimo es darles el mensaje de Dios para su salvación.  Es Dios quien quiere que hablemos del juicio que vendrá especialmente a quienes están rechazando al Cristo verdadero, y si no debemos hablar del  juicio de Dios, entonces de que salvación estamos hablando.

 

Diciéndolo de otra manera: si nada más los que tienen mucho amor por las almas perdidas, son los que deben de testificar, Dios nunca hubiera mandado a Jonás a hablarles a los hombres de Nínive; a los cuales Dios también perdono vasado en el arrepentimiento que ellos tuvieron.

 

 

 

La predestinación no es nada de lo que algunos creen.

 

Si Dios siempre ha dejado a la gente a escoger para bien o para mal, porque vamos a creer que al final Dios hará diferente.

 

Deu. 11: 26.  He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición:

 

27  la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy,

 

28  y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido. 

 

Así le dijo Dios a su pueblo, y también les dijo lo que les convenía.

 

Deu. 30: 19.  A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;

 

20. Amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juro Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.

 

No hay nada en toda La Biblia que diga que Dios les dará algo diferente a lo que cada quien escoge, sin antes haberles dado la oportunidad para su propio arrepentimiento. 

 

Dios no va a condenar a nadie porque Él quiso así, sino porque las mismas personas escogen la muerte en lugar de la vida.

 

El mal en lugar del bien

 

La maldición en lugar de la bendición

 

La condenación en lugar de salvación

 

Gen. 18: 25.  Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado con el impío; nunca tal hagas.  El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?

 

2Tes. 2: 10-12.  Es obvio que al fin, es Dios mismo quien ejecutara lo que cada quien quiso, es decir la salvación o la condenación, ya sea por la terquedad de ellos mismos  y el rechazo al amor de Dios para ser salvos; o por atender a la voluntad de Dios y escoger ser salvos.

 

Lam. 3: 33.  Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.

 

Lam. 3: 37-39.  ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?

 

¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?

 

¿Por qué se lamenta el hombre viviente?  Laméntese el hombre en su pecado.

 

En esta vida, el hombre sin Dios se lamenta de todo menos de su pecado, pero todavía hay quienes culpan a Dios porque muchos no se han salvado ni se salvarán, diciendo que es porque Dios no los predestino.    

 

Rom. 8: 29-30.

 

Porque a los que antes conoció, también los predestino para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea El Primogénito entre muchos hermanos. 

 

Y a los que predestino, a estos también llamo; y a los que llamo, a estos también justifico; y a los que justifico, a estos también glorifico.

 

A los que conoció son los que predestino.

 

Y también dice que los predestinó para que fueran hechos conforme a la imagen de su Hijo.

 

Mat. 7: 21-23.  Nota que en el verso 23 dice: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

 

Cuando dice nunca os conocí, eso quiere decir que nunca fueron salvos.

 

¿Cuál ha sido la voluntad de Dios desde un principio?  1Tim. 2: 3-5;  Efe. 2: 10.

 

La invitación para ser parte de ese pueblo está en pie, y la puerta sigue abierta.

 

Pero el día que Dios quiera Él puede cerrar la puerta.

 

Y culpar a Dios por eso, es como decir que para que cerró la puerta del arca cuando trajo el diluvio.

 

Y si en la actualidad individualmente le cierra la puerta a alguien, Él está en todo su derecho porque dio a su Hijo para la Salvación, no para que se mofen y sean escarnecedores o lo menosprecien.

 

Dios no va a tolerar para siempre a quienes se aferran a sus propias creencias y pecados, sus propias normas desechando las de Dios.

 

Gen. 6: 3.  Esto quiere decir que El Espíritu de Dios no les va a estar rogando todo el tiempo.

 

Para poder entender mejor esto, vamos a estudiar un poco desde génesis.

 

En el principio Adán pudo haber obedecido y seguir a Dios, pero escogió creerle al diablo.  Gen. 3: 1-7.

 

Luego leemos en Gen. 4: 26.  Ahí los hombres comenzaron a invocar el nombre de Dios, pero no fueron todos y eso tampoco duro tanto tiempo.

 

Dios tuvo que destruirlos a todos los que no creyeron con un diluvio.

 

Solo Noé y su familia se salvaron.  Gen. 6: 5-14

 

Dios comenzó de nuevo con ocho personas.  Gen. 9: 1. De nuevo Dios quería llenar la tierra con gente que le amara a Él, pero eso tampoco fue muy extenso.

 

Y en lugar de amar, seguir y servir a Dios, siguieron a la apostasía de Nimrod.  Gen. 11: 1-4.

 

En aquel tiempo querían edificar una ciudad, con una torre que llegara hasta el cielo.

 

Esta vez no quieren una torre y una ciudad, ahora quieren todas las ciudades, pueblos y provincias y todas las torres del mundo.

 

Con una religión que sus límites son todo el mudo, y con eso pretenden aplastar a la verdadera Iglesia.

 

Ellos están poniendo las reglas desechando las de Dios, y están declarando cristianos a todos los que acepten su maldito sistema.

 

Solamente la Iglesia verdadera se opondrá a ellos, y eso es lo que esperan que suceda para tener motivos de perseguir a la Iglesia, pero el arrebatamiento ocurrirá pronto.

 

Y los planes de Dios para ellos son de destrucción.  2Ped.  3: 3-7.

 

1Ped. 1: 18-20.  Dios ya tenía todo planeado desde antes de la fundación del mundo

 

2Ped. 3: 8-9.  La voluntad de Dios es para salvación de la humanidad, pero Dios no llevara al cielo al que no quiera ir. 

 

Apo. 3: 20-22.  Como podemos mirar aquí: Dios no dice, a este me lo llevo al cielo porque lo predestine, Dios primero toca la puerta y espera que le abran, y dependiendo de eso se van a ir al cielo o al infierno. 

 

O dicho de otro modo, El Espíritu de Dios intenta trabajar con el espíritu del hombre.  Juan 16: 7-11;  Pro. 20: 27.

 

Y Dios no va a escoger a la fuerza a aquel que pelea en contra de Su Santo Espíritu.

 

2Tim. 1: 1-6.  En el verso 6 dice: Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 

 

Aunque en este verso no está hablando de la salvación, de todos modos la salvación fue producida de la misma manera.

 

Pablo le dice a Timoteo que avive el fuego del don de Dios que está en él, un fuego que antes ya había sido encendido.

 

Comparémoslo con Efe. 2: 8-9.  También aquí nos dice que la salvación es un don de Dios,es decir que la salvación no nace de algo bueno que hay en nosotros sino de la gracia y la misericordia de Dios.  Fil. 2: 13.

 

Entonces la salvación es como un fuego que El Espíritu Santo trata de encender en la persona, el que se rinde al Espíritu Santo para que ese fuego sea encendido es a quien Dios escoge.

 

Pero en la mayoría de las personas ellos han hecho y harán hasta lo imposible para que ese fuego nunca sea encendido.

 

Pero sin importar lo que muchos hagan, Dios comenzó y completará ese bendito pueblo que Dios planeo desde antes de la fundación del mundo, pero lo hará con los que quieran ser parte de ese pueblo; así que si tú no quieres alguien más si va a querer.

 

Y para esto Dios escogió a Abram.  Gen. 12: 1-3;  Gen. 17: 1-6;  Gen. 22: 15-18.

 

Vivimos en tiempos donde por medio de La Iglesia, cualquier persona en este mundo, tiene la oportunidad de ser parte de ese pueblo escogido de Dios.

 

El Espíritu Santo está trabajando para convencer a la gente, para que sean parte de ese pueblo escogido de Dios.

 

No hay ningún misterio en la predestinación, eso es algo que en La Biblia está bastante claro.

 

Dios está formando su pueblo.  Ha escogido y seguirá escogiendo a los que quieran formar parte de ese pueblo, y no va a escoger a los que no quieran.

 

Romanos 9: 1-33.  Es de este capítulo de donde mayormente se basan los que enseñan la predestinación, para decir que Dios ya ha escogido los que se salvaran, y los que se van a perder no importa lo que ellos hagan.

 

Vamos a estudiar un poco este capítulo para ver cuán equivocados están, los que enseñado una predestinación que no concuerda con La Biblia.

 

Versos del 1 hasta el 5.

 

Está claro que en estos versos El Apóstol Pablo se está refiriendo únicamente a los judíos que no querían ser salvos.

 

Israelitas de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; De quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, El cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.  Amen.

 

Pero con todo y eso, muchos de ellos reusaban ser salvos.

 

Y en los versos del 6 hasta el 9 de Rom. 9, Pablo les dice que no es que La Palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abram, si no en Isaac.

 

Rom. 9: 6-9, concuerdan con Gal. 3: 16-18.

 

Para que mejor se pueda entender esto, es que los hijos de Dios son los israelitas que crean en Cristo, y no porque decían ser hijos de Abram, pero no creían en Cristo.

 

Gen. 21: 9-12.  En Isaac te será llamada descendencia. 

 

Pero para ser hijos de Dios, todos tenían que creer en Cristo, y no nada más por ser hijos de Abraham.

 

Cuando nació Jacob, también nació Esaú, y eso sin contar todos los de más hijos que tuvo Abraham.  Gen. 25: 1-6.

 

Aunque de todos estos, si vienen a Cristo, son parte de la cimiente del pueblo escogido de Dios.

 

Y en los versos del 10 hasta el 13 de Romanos 9.  De entre Jacob y Esaú Dios tenía que elegir a uno, no a los dos.

 

Y escogió a Jacob desde antes de que ellos nacieran, y así cumplir la promesa que le hizo a Abram.

 

Pero como los judíos se jactaban de la ley de Moisés, por eso Pablo les dice que Jacob y Esaú todavía ni nacían, entonces la elección no fue porque hayan hecho bien o mal.

 

Cuando dice: A Jacob ame más a Esaú aborrecí, no está diciendo que Dios odiaba a Esaú desde el vientre de su madre, lo que está diciendo es que Dios se decidió a escoger a Jacob sobre Esaú.  Malaquías 1: 1-5;  Gen. 25: 20-32.

 

Dios necesitaba un hombre, para que fuera el padre de los que encabezarían las 12 tribus de Israel.

 

Nada más necesitaba a uno, no a los dos, y se decidió por Jacob, por eso dice a Jacob ame, mas a Esaú aborrecí.

 

Y esto no es para aplicarlo a individuos hoy en día.

 

Aunque de verdad, Esaú es el tipo de cualquier fornicario o profano que en la actualidad reúsa la bendición de ser del pueblo escogido de Dios.  Heb. 12: 16-17;  Juan 3: 36.

 

Pero La Biblia no enseña nada de personas condenadas o salvas, desde antes de haber nacido.

 

Los que enseñan la predestinación, ellos dicen que Dios ya escogió al  que va a ser salvo desde antes de que nazca.

 

Y se basan en versos como: Gal. 1: 15-16.  Pero cuando agrado a Dios, que me aparto desde el vientre de mi madre, y me llamo por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo lo predicase entre los gentiles, no consulte en seguida con carne y sangre.  

 

Jer. 1: 5-7.

 

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifique, te di por profeta a las naciones.

 

Y yo dije; ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no se hablar, porque soy niño. 

 

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envié iras tú, y dirás todo lo que te mande. 

 

Estos fueron y son instrumentos escogidos de Dios donde uno no se puede apoyar para aplicarlo a cualquier persona de hoy en día.

 

Cristo escogió a los 12 apóstoles, y entre ellos escogió a Judas Iscariote, y que mejor oportunidad para que Judas hubiera cambiado ese corazón traicionero pero no lo hizo.  Luc. 6: 12-16.    

 

Juan 6: 67-71.  Por lo que  el Apóstol Pedro dice en el verso 69, Cristo le contesta en el verso 70, que fue El quien los eligió a ellos 12; y uno de ellos era el diablo.

 

Solo Dios pudo haber hecho la obra en nuestro corazón.   Juan 6: 44;  Juan 6: 65.

 

Para Dios no hay secretos y antes de venir a Cristo nosotros no éramos, ni somos buenos ahora, pero tuvimos que aceptar que no era nada cómodo la posición donde estábamos, y lo peor de todo no era eso, sino el lugar a donde iríamos por toda la eternidad sin Cristo. 

 

En La Biblia, después de lo que es la gracia, el amor y la misericordia de Dios, el tema que está bastante claro es la dureza del corazón del hombre, y Dios no es culpable por eso.  

 

Y Romanos 9 del 14 al 24, si en el verso 17 habla del Faraón y en los versos que siguen habla de vasos de ira preparados para destrucción. 

 

Entonces  a los  vasos de ira que Pablo se refiere en primer lugar, fueron los egipcios ahogados en el mar rojo.  Mientras que los vasos de misericordia donde Dios hizo notorias las riquezas de su gloria y que preparo de antemano para gloria, son los judíos.  

 

Por otra parte los que también fueron vasos de ira preparados para destrucción, y que Dios los soporto con mucha paciencia, eran todos los pueblos y Naciones gentiles; entre estos están todos los mencionados en  Gen. 15: 13-21.  En el verso 16 Dios le dijo a Abram que aún no había llegado a su colmo la maldad del amorreo, pero Dios ya le estaba anunciando a Abram que cuando los judíos salieran de la esclavitud de Egipto les daría esa tierra, porque Dios quería arrancar de raíz la maldad de todos esos pueblos destruyendo a sus moradores.

 

Si leemos en Deu. 20: 16-20.  Aquí podemos notar que la paciencia de Dios estaba totalmente agotada, y que estaba determinado a destruir a todos los moradores de esa tierra.

 

Pero podemos leer en Deu. 20: 10-15 que había pueblos lejos de los que ya Dios estaba resuelto a destruir, que Dios quería darles una chanza más a pesar de que también eran gentiles.     

 

 

 

Solo para darnos una idea de la grandísima paciencia de Dios para los pueblos gentiles. 

 

Desde el llamamiento de Abram hasta la muerte de Cristo, transcurrieron alrededor de 2000 años, los mismos años que Dios tuvo que soportar el pecado de nosotros los gentiles; y podemos hablar aun desde antes cuando todavía ni si quiera existía entre la humanidad el nombre de gentiles.

 

Juan 3: 16;  1Ped. 1: 20.  Porque de tal manera amo Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

 

Para que todo aquel que en El cree, es decir, ahora no nada más los judíos sino también los gentiles; la puerta se abrió para nosotros.  Efe. 2: 11-13.

 

Lo dice claramente en Romanos 9: 24.  A los cuales también ha llamado, esto es a nosotros, no solo de los judíos, sino también de los gentiles.

 

Pero aun estando la puerta abierta para los gentiles, todavía Dios tiene que seguir soportando todo tipo de pecados, indiferencias, y la apatía de los religiosos sin Dios que no quieren nada con El Cristo verdadero.  2Ped. 3: 9;  Rom. 2: 4-5.

 

Nosotros, todos los gentiles que ahora ya somos salvos por Cristo, somos parte del pueblo escogido de Dios por medio de la Iglesia.

 

Todos los gentiles en la actualidad, tienen la oportunidad de pertenecer al eterno y bendito pueblo de Dios.

 

Entonces Romanos capítulo 9, no es para aplicarlo a la humanidad de hoy en día en el sentido que enseñan la predestinación, diciendo que Dios ya tiene los vasos que son para ira; o los que serán para misericordia.

 

1Juan 4: 8.  La verdad es que en el mundo perdido en que vivimos sin Cristo, todos estábamos destinados a ser condenados por ser vasos de ira, y como Dios es amor, Él ha provisto el medio de salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.

 

 

 

Hay una filosofía bien torcida por los enemigos de Dios que ha afectado al propio cristianismo, como sabemos que Dios es amor, entonces muchos creen que hablar de la ira de Dios es algo fuera de lugar; pero es tan cierto hablar del amor de Dios como de la ira de Dios.  Efe. 2: 1-5.

 

Dios mostro su amor dando a su Hijo, y todo mundo debería de venir a Cristo para ser salvo, pero como no la hacen Dios está indignado por eso.

 

Cuando vinimos a Cristo para ser salvos, o cuando alguien viene a Cristo y es salvo, la ira de Dios es anulada y el creyente en Cristo es inundado con el amor de Dios.

 

Pero cuando se rechaza el amor de Dios, solamente queda la ira.  Juan 3: 36.

 

Por esa razón es tan natural hablar tanto del amor de Dios, como de la ira de Dios. 

 

Lo que los creyentes en Cristo decimos, es por lo que está escrito en La Biblia.  Rom. 3: 10-12;  Rom. 3: 23.  Y siendo de ese modo, todos estábamos en la lista de vasos de ira, es decir que estábamos condenados.

 

Pero con el simple hecho de saber que Cristo murió por todo el mundo, es porque Dios quiere tener misericordia de todos.

 

El evangelio de nuestro Señor Jesucristo, es la invitación para que todos seamos transformados en vasos de misericordia.

 

Y si leemos en Éxodo lo que dice del Faraón, podremos ver que él era un ateo que de por sí ya estaba endurecido.  Exo.3: 19;  Exo. 5: 1-8.

 

Entonces Dios mismo lo empujo para que se endureciera por completo.  Exo. 4: 21;  Exo. 7: 3-4.

 

Dios nos ha dado a todos una conciencia y cuando a alguien se le cauteriza, Dios no es culpable por eso, si no el mismo pecado que por su propia iniciativa ellos quieren seguir y eso mismo los endurece. Y cuando se creen muy rudos, Dios mismo les completa el proceso de endurecimiento, pero nada de esto pasa porque Dios no los había predestinado.

 

1Juan 4: 8.  Lo digo de nuevo, Dios es amor. Y Él ha provisto el medio de salvación porque Dios quiere vasos de misericordia; pero sin Cristo, todos son o éramos destinados para ser vasos de ira en el pasado, el presente o el futuro.

 

Si en Heb. 3: 13, la Biblia advierte al mismo creyente en Cristo del peligro que hay de ser endurecido por el pecado, entonces, ¿Cuál puede ser la condición de los incrédulos?

 

Y que en el mundo haya quienes no les ha llegado el evangelio, no podemos culpar a Dios por eso.

 

Los culpables hemos sido nosotros como predicadores, pastores o misioneros, como también los gobiernos ateos y nuestros antepasados idolatras.

 

Pero aun así la gente no tiene excusa.  Rom. 1: 19-32.

 

El amor de Dios es que El de todos modos se ha manifestado, pero el mundo ha escogido seguir lo que Dios aborrece.

 

Dios no dejaría tirado a nadie que en su corazón desea la verdad porque ha logrado entender que el sentido de la vida es mucho más que un mundo lleno de maldad. 

 

Dios puede llevar a cualquiera desde un país a otro con el propósito de que sea salvo, así como muchos miles de nosotros ahora podemos testificar.

 

Nosotros creíamos que el venir aquí a USA, era para juntar muchos dólares, pero la verdad es que Dios nos trajo con el propósito de salvarnos.

 

Pero si hablamos claro, el pecado no solamente endurece, también entorpece.

 

¿Cuántas personas de nuestros paisanos están aquí en USA, y nosotros somos testigos de que se les ha hablado de Cristo pero no han querido y han ido de mal en peor?

 

Entonces podemos decir que Dios no endurece a nadie sin antes haberle dado la oportunidad de que encuentre la verdad y sea salvo.

 

En este capítulo de Romanos 9: del 1 al 23, habla del pueblo judío y el Faraón o los egipcios; y el resto del capítulo, habla de los gentiles que han venido a ser parte del pueblo escogido de Dios. Entonces nadie tiene excusa.

 

Nosotros los creyentes gentiles, antes de serlo Dios nos tuvo mucha paciencia, y finalmente Dios nos guio a creer en Cristo.  Fil. 2: 13;  Juan 6: 44.

 

¿Pero cuantos serán los que Dios les ha tenido mucha paciencia?  Pero con todo y eso no harán ni el más mínimo intento de arrepentirse.  2Ped. 3: 9.

 

La razón principal de la condenación de cualquier persona, es que rechazan el amor de la verdad para ser salvos y no porque Dios no quiso predestinarlos.  2Tes. 2: 10-12.  

 

Y si El Espíritu santo tuviera más paciencia con unos que con otros para convencerlos, no es para que alguien quiera juzgarle, porque Dios no le rinde cuentas a nadie.

 

Por otra parte, ya una vez que alguien ha sido totalmente endurecido, lo más lógico es que ese alguien no alcanzará salvación; pero aun así podemos ver lo que paso con Nínive cuando Jonás les predicó.  Jonás 3: 1-10.

 

O como quiera que sea el hecho de que Dios nos haya salvado a muchos, ha sido su pura misericordia y no porque Él tenga la responsabilidad de hacerlo.

 

Es la humanidad la que tiene que implorar por la misericordia de Dios, y no que Dios tenga que andarle rogando a la humanidad.

 

Sabiendo esto, ningún pecador está en la posición de hacer caso omiso a la salvación que Dios le ofrece.

 

Dios está en todo su derecho de hacer lo que Él Quiera, y nadie le puede decir ¿Por qué haces así?

 

Si Dios quiere salvar a alguien tan solo es por su gracia, y Dios nunca condenaría a nadie que no lo merezca, la verdad es que todos merecíamos ser condenados.  Gen. 18: 23-33.

 

Pero de la manera que muchos supuestos predicadores han enseñado la predestinación; lejos de ser la verdad, es mentira, confusión y degradación a Dios.

 

Sal. 51: 17.  Este verso seria mentira si decimos que alguien con un corazón contrito y humillado no podría salvarse, porque no está en la lista de los predestinados de Dios.  Luc. 18: 9-14.

 

Dios no es indiferente o apático con nadie donde Dios percibe alguna esperanza, cuando Dios mismo está trabajando en el corazón. 

 

Hech. 14: 9-10.  Pablo pudo mirar que él tenia fe para ser sanado, y este testimonio también puede ser aplicado a la salvación.

 

Dios no podría ser indiferente, y menos con aquel que quebrantado le busca. 

 

El culpable es el hombre endurecido por el pecado.  Rom.  2: 5-9.

 

O como decir que si un niño o una niña de ocho o diez años que llorando ruegan a Dios por la salvación de papi o mami, que Dios les contestara con indiferencia: Imposible porque él o ella no están en la lista de mis predestinados.

 

Siempre resulta más cómodo culpar a alguien más, pero creo que se han sobrepasado cuando con el dedo apuntan a Dios culpándole por los que nunca vienen a Cristo.

 

Mientras más profundizamos en La Palabra de Dios, más nos damos cuenta que los idolatras religiosos sin Cristo son el lado negativo de los que no quieren ser parte del pueblo escogido de Dios.

 

Para ser parte del pueblo de Dios, hay que venir a Cristo aceptando las reglas o normas de Dios, y rechazando las propias.

 

Gen. 6: 3.  Lo que se dijo en aquel entonces, de que El Espíritu Santo no contenderá para siempre con el hombre, lo podemos aplicar a que en el presente, Dios no les va a tener paciencia para siempre; porque el hombre ya de por si es mortal.    

 

Pero hay muchos que todavía están a tiempo, y no deberían de desaprovechar la oportunidad que hasta ahora todavía tienen.

 

Para concluir, vamos a tomar en cuenta algunos versos.  Eze. 18: 32;  Juan 3: 16;  2Tes.  2: 10-12.

 

Si pensamos en los que finalmente formarán parte del pueblo que Dios quiso escoger de todas las naciones de la tierra para bendecirlas, hasta entonces lograremos entender que no será con todos los que dicen que quieren y corren, porque ellos lo han hecho con la vanagloria de su propia naturaleza carnal y con sus propios métodos de su religión terrenal humana, y no con su Santa Palabra o con su Bendito y Santo Espíritu.  Juan 4: 24.

 

Apo. 21: 22-27, compáralo con 1Cor. 15:50-55.

 

El predestinado pueblo que Dios está escogiendo y completando para la honra y gloria de su nombre, será aquel que nace del propio corazón de Dios.  Fil. 2: 13.

 

Esa respuesta positiva a lo que El Espíritu De Dios quiere hacer en los corazones, es de donde está dependiendo recibir el amor de la verdad para ser elegidos, o para ser desechados y lanzados al lago de fuego despues de ir al infierno.

 

Y solo así podremos entender lo que está diciendo Rom. 9: 16.  Así que no depende del que quiere, ni del que corre, si no de Dios que tiene misericordia.  FIN.